LO QUE ME DEJASTE

Picture 007.jpgCuando padre te fuiste era yo un pantano de incertidumbres. No sabía qué hacer ni para dónde caminar. Muy poco a poco, he visto en la dirección en la que siempre caminabas. no es fácil seguir el estrecho camino. En estos pequeños pasos hacia adelante y otros tantos hacia atrás, me he dado cuenta de lo fuerte que eras, de la forma en que te adaptabas a la vida.

 

Estos meses he trabajado para ser un poco como tú, me cuesta trabajo la sobriedad del espíritu, la paciencia, la serenidad, la templanza y la empatía. He caído en esos raptos de ira pero me levanto de inmediato y sigo poniendo en marcha los nuevos patrones de conducta. No es fácil pero cuando te veo sé que es mi suave yugo el intentar ser como tú. No quiero ser un individuo mezquino ni mentirosito, no quiero ser de esos que se consumen en sus fracasos, que se repiten los inteligentes que son antes los otros. Tú no eras así y yo no lo voy a ser.

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LA CAÍDA DE PADRE

 

 

Pobre padre me digo en las noches estrelladas,

en aquellas nubladas, también en las que luna

todo lo alumbra y no deja una lágrima que caiga

sin convertirla en líquido argénteo.

 

Pobre de ti, papá.

Cuánto tiempo estuviste tirado en ese lugar

tan frío y del que tus fuerzas no te podían liberar.

Papi, estabas ya condenado y tu sentencia

empezaba a cumplirse en esa avenida que debo recorrer

y que me enchina el alma cada que paso por el lugar

en el que yacías con tu carita hinchada.

Llegué a tu lado y mi alma como un delicado cristal

se rompió ante la imagen con la que me iré.

 

Qué difícil es aún conciliar conmigo que en tu caída

sufriste un profundo dolor, que ese golpe en la cabeza…

mira que quisimos consolarnos diciéndonos palabras

como “fue tan duro el golpe como un balazo”,

“acaso sintió una paz infinita”.

Oh, no y no y no.

No, papá, tú y yo lo sabemos.

Cuando lívido de pánico llegué a tu lado

agarré una de tus poderosas manos, esas de bellos dedos

y de hercúlea fuerza con las que doblabas cables.

No pude estar a tu altura, Pa, no pude.

las lágrimas corrían por mis mejillas

mientras trataba de hacerte regresar.

Te decía: “papá, eres muy fuerte. Vámonos a la casa.

Yo sé qué puedes. Aprieta mi mano si te quieres ir”.

Ay, papá, cuando apretaste mi mano mi mundo,

de por sí resquebrajado desde hacía años,

se vino abajo, todo terminó en escombros.

Era yo ese niño que pasea por la catedrales destruidas

buscando a Dios pero las piedras no respondieron.

 

“Papá, aquí estamos todos. te queremos mucho”.

Volvías a apretar y los escombros se hacían polvo

y el polvo se hacía nada y la nada brotaba en forma

de rojísima sangre de tu boca.

 

Llegaron paramédicos de algún infierno

del que nada aprendieron y parecían  niños jugando.

Llegó la ambulancia.

Mis hijos te veían con estupor.

Don Jorge, cómo era posible que el gigante

de nuestra vidas estuviera ahí indefenso.

Don Jorge, tú que nos protegías del dolor,

del sufrimiento y nos regalabas tus alegrías.

 

Mira que tus hijos que no solían preocuparse mucho por ti,

estaban alrededor tuyo, atentos, solícitos y tristísimos.

 

Las rosas se secan, padre.

Las rosas se marchitan, papá.

Tú nos habías prometido que serías inmortal, Papi.

Y yo te lo creí o quise creerlo

por eso escapaba de tu enfermedad,

por eso me llenaba de ira verte viejo y necio.

Te recuerdo como un bravo toro.

Salías a la calle y te saludaban: “buenas, ingeniero”.

Devolvías el saludo y me preguntabas “¿y ese señor quién es?”

 

Cuando tenía apenas diez años me llevabas

a las funciones de cine del Centro Cultural Universitario.

Papá, eras grande, enorme una fuerza impetuosa.

No te detenía la falta de dinero, veías que yo entrara de contrabando

a películas como “El acorazado Potemkin”, “Napoleón”, “Titanic” (la vieja),

“Fantasía”, la saga de James Bond, “Tarzán” y, cómo olvidar

ese clásico freudiano de Hitchcock, “Spellbound”.

y ¿recuerdas aquella de “Jonás”, en la que un obeso

comía espagueti sobre el cuerpo de una mujer desnuda.

Cómo te gustaba el cine.

Tu lectura de “Los cazadores del arca perdida” la tengo grabada

y procuro verla cada que puedo y me acuerdo mucho de ti

porque Harrison Ford se parece a ti.

 

Pa, Pa, Pa.

Eras un ingenierote.

Eras tú, siempre lo fuiste.

Tus sentimientos nunca los supimos,

estaban guardados muy en el fondo de tu corazón.

Tenías un buen humor extraordinarios

y cuidado con agarrarte de malas.

 

Me enseñaste tantas cosas:

electricidad, carpintería, mecánica automotriz, cerrajería, albañilería.

Recuerdo cuando cambiábamos las juntas homocinéticas del Renault.

Qué pesadilla pero siempre lo lográbamos.

Ay, es tanto lo que me viene a la mente.

 

Antes de terminar esta entrega, quiero decirte algo.

Te agradezco que me hayas salvado la vida con tu muerte.

Hasta el final viste por mí, como cuando enfermo y desolado

me consentías visiblemente consternado por mi sufrimiento.

Tu muerte, que no la quise ver porque estaba perdido

en una selva inacabable de la que no podía salir.

Tu muerte, padre mío, me está haciendo despertar a la vida.

 

Papá, ya no te veo en tu cama, cobijado hasta la cabeza,

ni dormido en la sala, ni platicando con las visitas.

Caíste y ahora te elevas…

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MUERTE EN VIERNES SANTO

ex-nihilo-3659En la madrugada un timbrazo del teléfono.

Ustedes conocen cómo suenan los teléfonos locales

cuando son malas noticias.

Adquieren un tono lúgubre que nos previene.

Era una enfermera del hospital.

Había que estar junto a padre.

 

Volví y te vi después de muchos días.

No respondiste a mis palabras.

 

Un par de horas después nos avisaron

que te habías ido completo.

Vi tu cuerpo. Aún estaba caliente.

No recuerdo qué te dije, tal vez una despedida.

 

Regresé en la tarde y ya había puesto tu cuerpo

en una de esas impersonales bolsas.

 

Moriste. Y morimos cada día como todos.

No somos especiales,

 

Qué drama tramitar tu muerte.

Ir a varias oficinas donde zopilotes acechan

para arrebatarse con sus picos

algunos centavos, unos peniques.

 

Al final de la jornada bajé a reconocer tu cuerpo.

Un lugar frío, con lámparas neón que prenden y pagan.

Un vigilante muy parecido a Cuasimodo

me pide firmar una hoja ante la presencia

de un doctor tipo Víktor Frankestein.

Abren la puerta y veo unas desvencijadas gavetas de acero inoxidable.

Abren trabajosamente una de las gavetas, me piden me acerqué.

Abren el cierre de la bolsa…. ¡Noooooo!

¡Ese no es mi padre!

Era la muerte, era una mujer con los ojos hundidos,

con la piel pegada al hueso. Me pareció que sonreía.

Salí a punto de vomitar.

 

Abren otra gaveta. Y ahí está tu envase.

Estaba frío, helado.

Te dije “hasta luego, papá”.

 

El alma se cuartea.

 

 

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La víspera de la muerte

Vi tu cuerpo tendido en plena avenida.

Corrí a tu lado. Apreté tu mano.

Aún estabas aquí. Te pedí que te recuperaras, exigí

que te levantaras y nos fuéramos a casa.

… tenía que pasar que en uno de tus paseos por el minoico laberinto…

de tus enrevesados recuerdos: buscabas a tu padre, a tu madre,

a tu hermano y a tus hijos que habías dejado en casa, solos.

Y fue que yacías en ese frío asfalto rodeado de policías.

“Se cayó”.

“Se cayó dos veces”.

“Cómo es posible que lo hayan dejado salir”

¡Papá, papá, papá, vámonos a casa!

!Vámonos a casa!

!Aprieta mi mano si me escuchas!

Y apretabas mi mano con calidez, con ternura.

Me protegías del intenso dolor.

No decías nada, solo tu rostro amoratado,

y la sangre que salía de tu boca.

Apretabas mi mano.

Lo sé: me protegías de la muerte.

Oh, padre, no puedo seguir escribiendo.

Tú, allá en un hospital, secándose tu cuerpo,

y viviendo quién sabe cuántas otras vidas.

Y yo, aquí, el más frágil de los humanos

que extraña en este extraño lugar

tu osadía de enfrentar el mundo,

 

No sé qué más…

es esto apenas un aullido en la noche que nos cubre.

 

 

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LA FALLA

Algo en mí dice que allá encontraré la paz y al serenidad.

Cuando llego siento el mismo vacío de siempre.

Después un pálpito me dice que si leo tal libro

voy a encontrar por fin la luz y que todo será felicidad.

Y al llegar a la última palabra me siento más vacío.

Conozco a una mujer maravillosa y sé que si

entablo un romance con ella todo será plenitud.

Mas no. Mi certeza falló.

 

Hoy nada espero.

La falla, la cuarteadura se cierra como una herida que tardó años en sanar.1-aGbODEtRAyDw7knOrj02EQ

 

 

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TE SOSPECHO

Andamos por aquí y por allá

haciendo lo que se supone debemos hacer.

Tú sabes: vivir la vida, aprovechar las oportunidades que no vuelven

y esas tonterías de libros de autoayuda.

Yo sé que andas por allá,

subiendo y bajando,

viviendo y bebiendo.

 

Te sospecho maravillosa

pero no te anhelo, no  te extraño,

apenas te pienso en algún sueño.

 

Tú no me sospechas,

quizás me lamentas, te dueles por mí.

“Oh, todos lo sabíamos pero nunca pensamos

que sucedería tan pronto”.

Me imagino la escena.

 

Después de todo la distancia

hace igual de inútiles nuestras decepciones.

No somos nada ya.

 

Solo nos queda arrimarnos al recuerdo

de esa foto lejanísima,

de ese recuerdo que se va borrando.

 

Y llegará el día, lejano, cercano

(¿a quién demonios le importa?)

en que yo me entere de tu partida

o de que tú te enteres de la mía.

 

No hay nada más.

Así suele suceder.sombra de mujer (1)

 

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EL BUEN WINSLOW

 

Winslow_Homer,_American_-_The_Life_Line_-_Google_Art_Project

La vida es navegar. Encallar. Surcar en días de oro. Subirse al palo de mesana. Otear. Encontrar a la gran ballena y afilar los arpones. Rescatar a marinos de otras embarcaciones. Resistir a los piratas. Y , de vez en vez, llegar a puerto con piedras preciosas, maderas exóticas y metales de lugares lejanos. Carenar, calafatear  y volver a la mar. Eso somos.

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