ASTILLA

Escrito en el templo de San Agustín de las Cuevas, Tlalpan. Supongo que a mediados de la década de 1990. Sin censura. Tal cual.

ASTILLA

Dios, sí, Dios. Se le invoca, se te invoca cuando la esperanza palidece y no somos más que una insignificante astilla en la noche helada del naufragio. Tiritar, tiritamos en el castañeo dental pensando en Dios, Dios.

Flotar desnudo en el mar. ¿Quién construyó la barcaza de la tragedia? El hombre, magnífica creación que supo del orgullo cuando ya todo era ceniza, astillas. Ay, el hombre no es más allá del orgullo, de la vanidad, del deseo incumplido.

Es curioso, soy hombre, soy humano y me gustaría ser delfín, gaviota. Por qué, Dios, deseo lo imposible para mí, deseo lo lejano, amo lo inasible. Porque soy hombre.

Ayer fue una mujer, quizá la más bella, quizá sus ojos eran zafiros, su boca ciruela, seda sus manos. Ayer fue una mujer, quizá la amé, quizá algún día estuve a su lado viendo su natural presencia de enamorada, su mirar absoluto. Ayer fue una mujer, hoy floto desnudo en el mar.

Antes quise la riqueza, la tenía yo por reina. Cuántas veces quise lujosos vestidos, joyas eternas, risas y alegrías, mujeres danzantes, amistades. ¡Cuánto quise yo las dulces mieses de la riqueza! ¡Cuánto tiempo pasé pensando en ella! Ay, me veía yo siendo objeto de alabanzas, como un falso dios. Ayer quise la riqueza y hoy soy una astilla perdida en el mar.

Dios, floto al empuje de la marea. El viento lanza duras columnas de agua, la noche golpea contra el zócalo del hombre, Dios hasta ahora pienso, sí, no, soy un hombre rodeado de agua, pienso, quiero ser agua. ¡Ay, el deseo otra vez!

En el pasado fue mi cuerpo. Lo traté como a un extraño, de vez en cuando le arrojaba un mendrugo. Luego me dolió el cuerpo, unas veces el corazón, otras la punzada en el vientre, el frío acero en la cabeza, dolorosa erupción en la piel. Ay, Dios, qué humilde me volvía cuando la enfermedad sentaba señorío en mi carne. El dolor quita la oscura venda de los ojos, vemos al mundo con humildad, comprensión y amor. Y basta que el aguijón parta para volver a ser los soberbios de siempre: ordenamos a los padres, golpeamos a los sirvientes, pateamos al médico. Eso fue en el pasado, hoy soy una astilla desnuda que flota temerosa en el mar. Soy un ídolo quebrado en medio del desierto.

Dios, último y primer refugio del hombre, Dios, barcaza, Dios, remedio, Dios, resignación, Dios, Dios, soy tan pequeño, por qué cosa tan pequeña puede albergar tanto dolor, por qué una astilla puede tener tanto miedo, por qué tanta soledad en algo tan…pobre, por qué la angustia cubre como brea, por qué la melancolía de lo que jamás se tuvo, por qué el verdugo no deja caer el hacha, por qué el amor se vuelve pesada lápida, por qué el amor ideal no lo es y queremos cortar la flor, por qué una astilla se inflama de ira contra la viga, por qué un grano de arena desprecia al mar, por qué de pronto la vida es una sinrazón. Porque eres un hombre…

Ayer quise sanar mi alma. Me encerré en el templo conmigo mismo. Los altos techos retumbaban en silencio y yo sentado con la mirada vuelta hacia Dios. Una veladora consumíase en el fondo del plateado vaso pronta a extinguirse era su luz tenaz y pacífica. Una veladora recién nacida elevaba su flama altiva y vigorosa pero sin paz. Pasé mi palma sobre la llama de la primera: golpe de tranquilidad. La segunda: desordenado calor. Dejé de pensar. ¡Cuánta paz el olvidarse de uno mismo! Pero salí de nuevo al mundo poblado de espejos y reflejos; de hombres y prohombres. En una calle me llamaban por mi nombre, en otra me decían “hey tú, que saliste del templo, ven acá que tenemos un elixir para aliviar tus penas” y escapé. Llegué a mi hogar, ahí me llamaban por mi nombre, pronombre, virtud y defecto. Eso, creo, pasó ayer y hoy floto en la multitud del silencio marino, soy astilla.

Presumía yo de que ningún fuego me quemaba. Mentira, mentira, todo me quemaba y quise ser héroe…pero soy astilla.

Dios, ahógame, desaparéceme o sálvame pero ya no dejes que este miedo me siga aniquilando, Dios, Dios, soy esta astilla…
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