MUERTE EN VIERNES SANTO

ex-nihilo-3659En la madrugada un timbrazo del teléfono.

Ustedes conocen cómo suenan los teléfonos locales

cuando son malas noticias.

Adquieren un tono lúgubre que nos previene.

Era una enfermera del hospital.

Había que estar junto a padre.

 

Volví y te vi después de muchos días.

No respondiste a mis palabras.

 

Un par de horas después nos avisaron

que te habías ido completo.

Vi tu cuerpo. Aún estaba caliente.

No recuerdo qué te dije, tal vez una despedida.

 

Regresé en la tarde y ya había puesto tu cuerpo

en una de esas impersonales bolsas.

 

Moriste. Y morimos cada día como todos.

No somos especiales,

 

Qué drama tramitar tu muerte.

Ir a varias oficinas donde zopilotes acechan

para arrebatarse con sus picos

algunos centavos, unos peniques.

 

Al final de la jornada bajé a reconocer tu cuerpo.

Un lugar frío, con lámparas neón que prenden y pagan.

Un vigilante muy parecido a Cuasimodo

me pide firmar una hoja ante la presencia

de un doctor tipo Víktor Frankestein.

Abren la puerta y veo unas desvencijadas gavetas de acero inoxidable.

Abren trabajosamente una de las gavetas, me piden me acerqué.

Abren el cierre de la bolsa…. ¡Noooooo!

¡Ese no es mi padre!

Era la muerte, era una mujer con los ojos hundidos,

con la piel pegada al hueso. Me pareció que sonreía.

Salí a punto de vomitar.

 

Abren otra gaveta. Y ahí está tu envase.

Estaba frío, helado.

Te dije “hasta luego, papá”.

 

El alma se cuartea.

 

 

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